cabarute

agosto 29, 2006

El frío afuera congelaba mis dedos, mientras que aquí respiro calor de siglos.
Afuera miseria y olvido, aquí una fiesta constante, alboroto de placer fingido y opaca felicidad.


Detrás de la barra el muchacho levanta la mirada , no debe usual ver una mujer entrando por esa puerta, pero no me detiene (de todos modos no podría hacerlo).

-: Un tequila, por favor- acompaño mis palabras con un billete de a 50
-: Hay otros bares más adecuados para una mujer como usted-dice sonriendo sin mirarme, pero igualmente sirve lo que le pedí.

Es una mujer fría, si tuviera que adivinar diría que es abogada (de la peor calaña) sin embargo su manera de caminar me quita esa idea de la cabeza había algo de niña en sus pasos. Es de una raza rara, su pelo recogido deja ver bien sus ojos grisverdosos.
Carente de maquillaje, vestida como para una audiencia judicial. Dudo que busque sexo.
Camina como niña y bebe como hombre.


Alejo la sal mientras el chupito, ya vacío, golpea secamente.
Recorro el lugar pero no la veo, solo encuentro hombres patéticos acompañados por mujeres sin rostros.
Ella tiene un rostro, el rostro más bonito que he visto en mi vida.


Sin preguntar nada el barman vuelve a servirme.

Debe cuidar a las chicas, pero ¿con que? Ese cuerpo no puede ayudarle. Un muchacho alto pero muy delgado, aunque sus ojos tienen ese rastro de valentía que no se destaca en los héroes, sino en los locos.

-:Busco a Cíclica

El alcohol se ha detenido en el aire por un segundo.
La conoce.





Carla Cortéz posted.- | 21:46 | |



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marzo 10, 2006

Se fundieron sus risas en mí como una caricia, y no sentí la pérdida, porque sin ellas ya no sentía...

Un cepillo de dientes, un jabón, una gillette... la cortina tiene moho. El espejo.
Una mesa baja, una silla, un catre.
Una radio. Tengo que pelar el cable de nuevo. Una ventana que no abro.
Yerba, café, polenta, fideos, 2 latas de arvejas.
Puchos, fósforos.
Camiseta, pantalón vaquero, zapatos
Un saco largo, un pantalón, dos percha vacía.
El bolso con la vida que me queda. Tengo que terminar de desarmarlo.

La portera es expeditiva, cédula, un mes por adelantado, no haga ruido y no traiga mujeres, especialmente las del bar.

El bar.

Entro, me reciben el olor a perfume barato, alcohol, sangre, sexo.
No estoy seguro de no haber traído algunos de esos olores y mismo.

Un hombre taciturno en la barra. Demasiado flaco para la función que cumple.

"Comprame un trago y charlamos un ratito..." me dice.

Perfume barato, alcohol, sangre, sexo. Y esta vez no soy yo.


Uruguayo posted.- | 20:10 | |



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marzo 06, 2006

- ¡Esto es una mierda! Yo me voy.-
Los vidrios de la puerta tiemblan con el portazo.


vico posted.- | 19:02 | |



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febrero 19, 2006

El calor hace que la ropa se pegue demasiado al cuerpo, que el maquillaje se corra antes de tiempo, que los clientes acaben más rápido, más transpirados, que los billetes se queden guardados más tiempo en la billetera. Y sí, debe ser que el calor del verano hace que resurjan las mariposas en el estómago, tan primaverales ellas, tan diáfanas. Claro, las vacaciones ausentan a los clientes de siempre, que se ven obligados a alejarse de su rutina cotidiana, y se llevan consigo a las familias, a las esposas, a las novias, y las mariposas, que tiernas que lindas las mariposas, larvas de mierda que producen escasez de efectivo en mis manos. Pero también hay turistas en las vacaciones, gente que busca sexo rápido y efectivo, un buen recuerdo que no se puede (ni se debe) poner en una postal (aunque por qué no ponerlo en una postal? Pensándolo mejor no es tan mala idea...).
Y entonces el calor me obliga a tener las ventanas abiertas, para que corra el aire, para que se deslice con su lentitud indescriptible por mis piernas, mientras trato de relajarme antes de que llegue la noche. Mi piel brilla húmeda después de bañarme, la sensación del aire caliente secándome me relaja, a la vez que me sofoca. Dejo que esa mano invisible de fuego me ahogue, junto con el humo de mi cigarrillo. Son esos pequeños suicidios cotidianos los que de alguna forma logran despabilarme, entre accesos de tos y crema para el cuerpo que se me resbala de los dedos. Hay que vestirse, no queda otra. Hay que trabajar. Hay olor a sexo en mi cama, como de costumbre, pero una parte de la sábana huele diferente. Veamos... Lencería negra, y hoy voy a ponerme ese corsé negro con lazos rojos, hoy me voy a poner algo rojo para hacer juego con el calor... Sí, ya sé, los zapatos rojos. Y la boca, para hacer juego. El baño está impecable (tengo que acordarme de comprar sahumerios).
Abajo los ventiladores hacen más fácil soportar la (poca) ropa. Quizás hoy vengan turistas. Hay un uruguayo que me cae simpático.



Cíclica posted.- | 13:01 | |



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febrero 01, 2006

Mirá que querer que le peguen con un arma. Y bueno… gente rara hay para todo. Ahora me pregunto con que voy a conformar a mi cliente. Él tiene ese fetiche de apuntarme a la cabeza mientras se la chupo. Por mas que los dos sabemos que el arma esta descargada… bueno, a el lo excita.
Claro, es comprensible. El arma da una sensación de poder muy fuerte. Por eso me extraña ese tipo en lo de C. Mira que dejarse pegar así… es justo lo contrario de lo que todos buscan.
‘No, no tengo la 45 ahora, mi amor… No, parece que se la llevo alguien. No sos el único que usa los juguetitos. Pero se me ocurren otras cosas con las que podemos jugar y pasarlo bomba’
Y bueno… una termina teniendo cancha en esto. Entendiendo por donde pasa el morbo. Así que ahora que se fue, me saco las guillerminas y la pollerita tableada. Me pongo mi ropa negra de siempre, la camisa transparente, el pantalón con recortes de encaje.
Si… una entiende por donde pasa el morbo. El propio y el ajeno.
Por eso pinto mi boca de furioso carmín. Después de todo algo me conozco… Y se que las pijas manchadas de rouge me son irresistibles.


vico posted.- | 19:57 | |



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enero 24, 2006

“Cada cabaret es una frontera. (…)
Es una frontera porque cómo en toda frontera,
quedan atrapados los viajeros que jamás irán a ningún lado.
Los que se animaron a cruzar una aduana
pero jamás se animarán a cruzar la siguiente.
Los que jamás tendrán destino alguno.
Yo sólo uno más entre todos ellos.”
Daniel Massei,
barman y fundador de éste espacio.






El baño es chico y el olor fuerte del alcohol tiende a concentrarse demasiado rápido. Cuando ella entra, el aire rancio se mezcla con su perfume. Su figura recortada en los contornos de la puerta desencaja con la escena del lugar.

-Así que… ¿Venís siempre a bailar acá?
-Muy gracioso. ¿Siempre tratás a los inodoros con tanto amor?
-Quién lo hubiera pensado, no soy el único que hace chistes… ¿Sabés qué te haría aún más graciosa? …Dejar de apuntarme…
-No, no lo creo. Más te vale que limpies. Supongo que podés levantarte, el arma no está tan cerca de tu cabeza. Así que, señor…?
-Está mucho más cerca de lo que me gustaría, pero tal vez no llegás a darte cuenta por un problema de perspectiva. ¿Por qué no venís vos acá y yo te apunto, a ver qué tan cómoda te sentís?
-Ah bueno. En primer lugar el arma está en mis manos así que yo consideraría mejor las propuestas que hacés. En segundo, si estuviera en tú lugar no me cuestionaría tanto una pregunta. Si no querés responder está bien, pero levantate, ahora.
-De acuerdo, de acuerdo, no es cuestión de discutir.

Junta todas las fuerzas que le quedan y se levanta apoyándose en el lavatorio mientras hace su mejor esfuerzo para no hacer demasiado evidente que está a punto de desmayarse… otra vez. La atmósfera de cierra aún más, el baño parece más chico, más oscuro.

-Ves, no era tan difícil. –No cree necesario apuntarle… está peor de lo que pensó- Ya que no vamos a discutir, hablemos como personas civilizadas; Volvamos al cuarto, me parece que te va a venir bien sentarte en la cama.

Ella avanza segura, no por tranquilidad si no más bien decidida a abandonar el olor nauseabundo y el encierro del reducido espacio no diseñado para dos personas. Se da vuelta y lo observa, lo estudia. Quiere descubrirlo en alguna forma, encasillarlo en alguna categoría, para poder confiar.

-De acuerdo, con tal que no vuelvas a tu política de apuntarme. -Camina hacia el cuarto lo mejor que puede. Se tambalea un momento y ella intenta ayudarlo, pero no la deja…- Yo puedo solo -le dice, y aunque duda mucho que eso sea remotamente cierto, logra llegar a la cama y sentarse.

Prácticamente se desploma sobre el colchón. Ahora el aire puede respirarse, la fragancia de los sahumerios inunda el aire de menta… Algo la lleva a compadecerse por un instante de ese hombre, de lo que queda de ese hombre, por un instante, y esboza una sonrisa.

-Hombre autosuficiente. Raro, considerando dónde estás.
-Vine por el alcohol -o al menos eso cree-. El resto fueron sólo las circunstancias abalanzándose sobre mí.
-Puedo creerte, eso es bastante normal por acá. Pero siempre hay que desconfiar de las caras nuevas -siempre hay que desconfiar-. Alcohol, de todos modos, hay en muchos lugares. ¿Me vas a decir tu nombre? Odio no llamar a la gente por su nombre…
-Sí… a mí me pasa lo mismo.

Algo se mueve dentro de ella… Algo que la hiere. No hay nombres, hay sólo sombras…

-Odio tener que decirle a la gente mi nombre. A pesar de eso, te recuerdo que no estás en condiciones de negarte a responder.

De golpe algo en él resurge, un brillo en sus ojos lo llena. El aire huele a menta.

-De hecho… ahora que lo mencionás creo que sí estoy en condiciones de negarme. Porque pensándolo un poco, si no necesitaras nada de mí, no estaríamos teniendo esta agradable charla y yo estaría muerto haciéndole compañía al agua de alguna zanja. Así que… ¿Por qué no nos dejamos de estupideces y me decís lo que querés?

Él se levanta en la mitad de su frase, y la menta, el aire, se sacude. Sí, lo sabe… un poco brusco… y si está equivocado en tres segundos va a tener la cabeza llena de plomo, pero… qué diablos…como si tuviera algo por perder… Recuperó un mínimo de su fuerza, de su ser. Cualquier rastro de la sonrisa que minutos antes ella había esbozado se borra, se tensa, invisiblemente tiembla… Se escucha una voz femenina relativamente cerca, tarareando una melodía alegre.

-Lo golpea con el cañón lo más fuerte que puede en su mejilla izquierda -¿Querés que te diga lo que quiero? Bueno, quiero que cierres la boca y hagas lo que te diga. Necesitamos un hombre en el local. Un barman. Si podés hacer eso, podemos dar por terminada la charla de hoy. Si no… yo misma te acompaño hasta una zanja.

Él cae sobre la cama después del impacto, mientras una mujer de rasgos frágiles y mirada serena, enfundada en rojo, se asomo por la puerta. Deja de cantar y pregunta:

-Linda, ¿tenés a mano tu 45? ¿Me la podés prestar?

El ambiente se aclara en la frescura de su voz. Por un momento ella ignora el despojo de ser humano sobre sus sábanas, se da vuelta, y contesta:

-La estoy usando, Vico, ¿para qué la necesitás?
-Para pegarme un tiro en la cabeza, pero puedo esperar.
-Ok.

Vico se aleja, y la tensión vuelve a cernirse sobre la menta, sobre las sábanas.

-Si querés jugar a ser la “mujer dura”, la próxima vez no pierdas el control tan rápido. Hace que se note que estás nerviosa. Pero tranquila, me interesa tu propuesta. Sólo que en lugar de seguir jugando al gato y al ratón, si vamos a trabajar juntos, y más que nada, si vos y tus colegas van a depender de mí para su protección, vas a tener que empezar a confiar en mí. ¿Cuáles son los términos del arreglo?
-Realmente no dependemos de nadie para protegernos. Es sólo una fachada, cuestión de máscaras. Recordá que si no te hubieras puesto en el papel de héroe no estarías acá. Empezás a trabajar ésta noche, techo y comida no te van a faltar. Hay ropa que puede servirte en el cuarto de al lado. No estamos jugando a nada. Y limpiá mi baño.

Ella se aleja, a penas alterada en apariencia, profundamente intrigada. Enciende un cigarrillo. La 45 pasa a su mano izquierda, probablemente esté buscando a Vico. La menta, detrás de sus pasos, huele a nada.

Diálogo: Van Rijn – Cíclica
Intervención: Vico
Relator: Cíclica




Cíclica posted.- | 14:38 | |



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diciembre 20, 2005

Arghh! Carajo!
Mi cabeza duele como si me hubiera tomado una fabrica de tequila.
La habitación no para de dar vueltas, y no sabés como odio los parques
de diversiones...
si solo pudiera encontrar el baño...
.
..
...
Caigo postrado enfrente del inodoro, con una devoción que no he tenido
para con ninguna religión.
Y le entrego casi como una ofrenda todo el contenido de mi estomago.
Odio vomitar.
.
..
...
Quince minutos.
Me recuesto en el piso, frío.
Algo en mi cuerpo duele, y mucho.
Puedo ver mi pecho, vendado.
Debajo de las vendas hay una herida de navaja, que por un par de
milímetros no incluyó en su saldo a mi pulmón izquierdo.

Intento recordar un par de escenas de ayer a la noche.
Mi cabeza no funciona muy bien desde hace un tiempo...
Como en una telenovela mejicana, no puedo recordar la mitad de mi vida.
Sí, recuerdo mi nombre, y recuerdo algo de quien soy...
Pero todo lo que recuerdo no explica qué hago acá,
que hice los últimos meses, ni por qué me emborraché anoche...

Doblo mis esfuerzos y recuerdo un hombre y una mujer.
No puedo estar seguro, pero creo que lo maté... y él casi hace lo mismo
conmigo.
Recuerdo a la mujer. Recuerdo a la prostituta.
Recuerdo su perfume, su calor, su cuerpo.

En un instante de infantilismo me siento avergonzado.
Qué habrá pensado de mi? No soy tan bueno en la cama,
además estaba cansado, herido, y alcoholizado,
y ella... bueno... ella era una profesional.

Un segundo mas tarde recuerdo que soy un hombre con una herida de
cuchillo en un costado,
que probablemente haya matado a un tipo (o a más de uno),
y que, de todas formas, no puede siquiera controlar sus recuerdos,
así que dejo de preocuparme por lo que piensen de mi virilidad y paso a
preocuparme por todo el resto de mi vida.

Mierda.
Me siento como si cada hueso de mi cuerpo estuviera siendo triturado.
maldito alcohol, maldito yo por jugar al héroe, maldito sea.

Veo una sombra que me cubre, y la silueta de una mujer en la puerta.
Esta casi desnuda y puedo entrever sus curvas debajo de la escasa ropa.
Buen cuerpo, hermosos pechos, incluso una linda boca.
Lástima la 45 en su mano. Lástima que esté apuntando directamente a mí
cabeza.

-- Así que... -- digo -- Venís siempre a bailar acá?

Maldito sea mi sentido del humor.