Cabarute

junio 29, 2005

Y si… vos también, pretendes que me muera de hambre!!
No, solo los viernes, no todos los días. Y además, que te crees. Yo ahí solo bailo.
Bailo te digo. Me pongo la malla fucsia y bailo. En un escenario.
Si, nene, bailo con una barra, si. Y revoleo el orto para todos lados, también.
No, que no me tocan el orto. Ni el dueño, que en eso, es mejor que vos. Me contrata de "bailarina exótica" Si, claro que tengo un contrato. Es en blanco, además.
No, que me van a pagar mucho, no te digo que es en blanco?
Y sí.
¡Pero yo te vengo a dar explicaciones, de por que llego tarde los viernes y vos te quejás!. Si sabes que yo ligo en este local, y en ningún otro.
¡Ah, que exclusividad ni ocho cuartos! Al final, ya veo por que se van las pibas de acá. Si nunca nos das laburo. Pero… Soltame, animal. Dejame en paz. Ay!
No, ¡qué a la pieza? Dejame.
Ay!
No, dejame.
Dejame…
Dejame, ¡ay Dios!
Dejame.
Ay Dios.
Dioses.
Ay!


vico posted.- | 14:48 | |



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diciembre 23, 2004

- Segura que tenés que trabajar hoy también?
- Si mamá, hoy también.
- Pero justo ahora te tenés que ir?
- Sí mamá.
- Pero... no podés llegar después de las 12? Así te quedás para el brindis al menos...
- Ya te dije que no puedo. Trabajo es trabajo. Me voy así no llego tarde.

Las absurdas explicaciones insondables, el trabajo es trabajo pero ella no sabe bien de qué trabajo, pero clientes hay todo el año, también en esta noche hay caminantes solitarios de billeteras flojas que pagan por carne que no es de cerdo y que no encuentran en su mesa navideña, carne que aún hoy tiene que renacer de sus cenizas y convertirse en puta...
Cambio de vestuario, por hoy (pero sólo por hoy, a lo sumo también la semana que viene) cumpliré el rito de la bombachita rosa debajo de la ropa negra, por hoy mamá Noel de cabarute. Nada de borrachos que quieran entrar de prepo, clientes frecuentes, y alguna que otra orgía. Cuando den las 12 se supone que renacerá Jesús, cuando den las 12 el cielo estará iluminado en demasía por fuegos artificiales, alguien romperá alguna copa, y en mi casa brindarán con sidra barata, lamentarán que yo no esté, mis caros regalitos bajo el árbol omnipresente e intermitente, mi ausencia. La última imagen en el espejo del baño, vigilando mi guarida. La nueva imagen mientras me maquillo en el baño del cabaret, donde brindaré con champagne bajo el cielorraso de la habitación.

- Buenas noches, Feliz Navidad, eh... qué tal la morocha de pelo ondeado y camisa negra?
- Ya se la llamo.

La seña es correcta, cliente nuevo, se ve que quiere festejar sobre las sábanas. Espero que pida buen champagne.

- Hola, sígame, ah, sí, Feliz Navidad para usted también...






Cíclica posted.- | 13:20 | |



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diciembre 14, 2004

Me marcho. Esto es una despedida. La verdad, nunca pude darme el gusto de despedirme de nadie, siempre sucedía todo demasiado deprisa, o estaba demasiado asustada, aturdida, para pensar en palabras. Esta vez tengo tiempo, pero no motivos, motivos razonables. Me cansé de ser puta, simplemente, y cuando me canso de algo, es para siempre, solo suelo ser fiel en mis abandonos.
Me canse de ser también anónima, como una vez me aconsejaron, quiero ver la luz del sol, me está esperando...
Un abrazo grande chicas, prometo volver (de visita) cuidaros mucho.
Y otro abrazo a Daniel, por si lo lees, gracias.



lola posted.- | 05:53 | |



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noviembre 16, 2004

El tren, la gente, las esperas, la ida casi sin vuelta al trabajo, el trabajo que hay que cuidar porque, pseudo amigas, compañeras, somos todas gatas en celo, todas animales descarriados de la “buena vida” (entre enormes comillas).

Metiéndome a los empujones en el furgón, termino delante de un hombre alto, de unos cuarenta años, trajeado, con una respiración jadeante sobre mi cabeza. Y después de dos estaciones empecé a sentir la tensión del miembro, el aprovechamiento de la inercia en su punto máximo, los ojos de la señora que miraba con estupor, la respiración entrecortada, los deseos de mover más que la cadera, de sacar más de lo que se debe en un vagón de tren. Llegué a destino y sentí sus pasos detrás, la sombra tangible en una persecución que terminó cuando pasé por el molinete y me desvíe al baño. Pero cuando esperaba el colectivo sentí de nuevo la presencia casi omnipotente unas personas atrás mío. Como siguiéndome, como descubriendo en cada huella, el olor de mi trabajo. Y sí, olemos a sexo, a miel, a sangre, a pulso, a latido, a amapolas. Bajó antes que yo, pero creo que su mirada persistió hasta mi parada.

Charlando con D, saboreando el licor que me invitó el cliente que acababa de despedir, lo vi entrar. Me buscó como un sabueso desenfrenado, hasta que le hizo la seña al barman, y despidiéndome del licor subí a la habitación. Me sorprendió que me mirara de arriba abajo buscando restos del saco negro que me cubría del frío del andén, observando cada puntilla negra sobre mi piel. Se acerco y me dio vuelta. Me apoyó como antes, ensayando los mismo movimientos, ahora dando rienda suelta a sus manos, bajando la bragueta, dejándome hacer mi trabajo. Lo bebí como la botella de agua que sostuve en mis manos durante el viaje, degustando el sabor a rieles, fantaseando con la idea de hacer lo mismo dentro del tren, jugando con mis dedos en su cola, dejándolo enredar los suyos en mi pelo. Me lamió los pezones con la suavidad de un bebé, y la destreza de las personas experimentadas. Tuvo la delicadeza de arrancar despacio el portaligas rojo, y su lengua dibujo vagones, letras, círculos infinitos en mi clítoris erecto. Me cogió violentamente, casi sintiéndose en un callejón en medio de la basura y la noche. Acabó en mi cara, y yo me relamí de esos segundos, de esa apoyada en el tren, de ese néctar por momentos nauseabundo, por momentos necesario.



Cíclica posted.- | 14:45 | |



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noviembre 09, 2004

¡Ah no, esto no puede ser! Se puede saber quién me afanó la factura. Sí, la factura: hace diez minutos yo dejé un paquete con factura en esta mesa, che, vigilantes, cañoncitos con dulce de leche y bolas de esas con crema pastelera, me las compré en La Orquídea con lo que quedó de anoche después de saldar deudas. Mucho no era porque le debía veinte mangos a Lola por las medias de la otra vez y un esmalte de uñas que me prestó, otros veinte a Daniel de no sé cuántos atados de puchos y otros veinte a la otra loca porque sin darme cuenta se me voló una de esas tanguitas que dejó colgada en la soga el otro día y yo quise poner una pilcha mía que se me había manchado con vino y bueno, no me di cuenta y chau bombachita. Lo peor es que se cree que me la quedé yo. Cuánto te costó, le pregunté, así te devuelvo la guita apenas cobre alguna cosa y te dejás de chillar como una desgraciada. Veinte pesos, me dijo y para mí que eso es tres veces más de lo que la pagó, pero como piensa que se la robé... mirá si yo voy a usar esa hilacha con nuditos que se pone ella con las cachas que tengo ¿te parece? Yo ya estoy grande para esos atuendos y además soy muy respetuosa de los materiales de trabajo de las otras chicas: lo de la tanga fue un imprevisto nomás, esas cosas que pasan en un abrir y cerrar de ojos. Ahora que lo pienso, capaz que fue ella la que se llevó la factura, de maldita que es. Ah, así es la vida: una se va un minuto a calentar agua para el mate, espera que la pava hierva mientras piensa en la crema pastelera así se motiva un poco, una se vuelve con un hambre de órdagos a ver si puede disfrutar un poco de la vida y qué se encuentra: se encuentra con que le secuestraron el paquete de factura.


Diaz de Vivar posted.- | 22:57 | |



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noviembre 08, 2004

y sí, a los amigos de las amigas los atiendo con algun mohín extra. Me gusta que ellas se sientan también complacidas: "hoy por tí, mañana por mí". Este cabarute estará en las 10 de últimas, pero seguimos como podemos. Sí, como las fábricas recuperadas. Si el barman se tomó el piro, cosa de él, ahora el negocio es nuestro. Adelante con los faroles!!!

Se te abre la boca si te froto el cuerpo como una lámpara de aladino, despierto tu genio y sé que podés ser lo que quieras...podés, si pagás, pedirle a mis manos que te recorran de la forma que más te guste y te den forma. Si te place soy capaz de escupir gemidos de perro, alaridos de gata a la madrugada, olvidarme de siglos de civilización y volver a reptar bajo tu cuerpo hasta dar con esa pija erguida y latiendo.
Y que mi boca sea su unico y preferido refugio , el que calienta tu corazón cuando éste se aloja en tu bajovientre. Y tu boca, tu lengua, también siguiendo un olor, un humor acuoso con poder de imán, se mete en mi bosque...somos un enredo de rayos y centellas. Una masa ardiente que se modela y se desarma y se vuelve a armar.
Y todo cae de vos, los ojos se desorbitan si quieren abarcar todo lo que abarcan las manos, explorando, hurgando, buscando timbres, ecos.
De vos surge un sonido, independiente, dispuesto a morir en mi oido, a erguir cada uno de mis pelos, a partirme al medio, hacerme olvidar que alguna vez dije una palabra de más. Ahora tengo mi boca llena de todo lo que querés probar, morder, besar.
A veces sucede que la jungla crece en esta cama, que todo el mundo es arrastrado por una sola caricia mía y que no hay otro lugar para vos que ése donde se instala un vaivén que te acuna, te hago niño, lactante abandonado al placer de alimentarse, sin medidas, perdido en la gula, en un hambre que puedo calmar de a ratos, sólo por segundos en que se enciende tu sexo como fuego artificial, cada vez más alto, cada vez más adentro, cada vez más inundando por un mar que alimenta tu fuego.
Y....a veces se da, a veces dejo que pase.
d.



darmuh posted.- | 21:24 | |



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octubre 13, 2004

Yo soy barman. Y la potestad de un barman es la de escuchar aquello que no, que jamás nadie debería escuchar. Un barman está y no está, esa es su única virtud.

La conversación de hoy es entre dos hombres de mediana edad que desde lejos, parecen festejar. Sólo desde lejos. Un champán en un balde entre ellos y dos copas casi siempre llenas y sus miradas que, extrañamente, no persiguen a ninguna de nuestras mujeres.

Uno de los dos habla y gesticula mientras el otro escucha sin levantar la vista de su propia copa; ...fue inevitable aquella vez que teníamos que brindar con salud porque nos estábamos arrimando al cáncer. Lo sabíamos, alguno de los dos iba a tener cáncer desde mañana. Si teníamos suerte, capaz que nos tocaba a los dos.

No me digas que vos no pensaste que yo estaba enfermo. Loco de enfermo. Yo sé que vos querías que fuera yo el bendecido por la noticia, no porque a vos te sobraran ganas de seguir vivo, más bien para evitarte el costo de la quimioterapia. Sos un cagón para esas cosas. Sé que empezaste a sacar cuentas de lo que podía costar un tratamiento y tuviste miedo de morirte antes de hambre que por el puto cáncer de próstata.

Y no, vos no eras. Cuánto alivio que sentiste cuándo te dieron los análisis. Tanto alivio sentiste que te viniste a festejar con champán entre las putas, a cincuenta dólares la botella. Siempre lo mismo, cuando tenías algo que festejar nunca me invitabas, yo sólo estaba para sostenerte en las derrotas, ahí cuando ella te mandaba definitivamente, otra vez definitivamente, porque siempre era definitivamente al carajo.

Y después volvía la muy boluda. Y cada vez que volvía lo hacía con más odio y se andaba revolcando hasta con el verdulero de la esquina. Vos nunca te enteraste, hasta con el verdulero de la esquina, te lo juro.

A mí me encerró un día cuando estaba en el baño, vos no sé qué mierda habías salido a hacer y veo que esa puerta que nunca tuvo llave se abre y se me mete adentro la loca y me dice esta es nuestra oportunidad. ¿Nuestra? Pregunto y ya no tuve tiempo de preguntar más nada, porque tu mujer se levantó la pollera y se sentó sobre el inodoro y se puso mi manguera en la boca y no paró hasta que se tragó todo lo que salía. Yo ni la toqué, te lo juro. Esa vez no. Después sí, porque en algún momento se hizo cosa de todos los días y vos te ibas a comprar cigarrillos, más de una vez los cigarrillos eran para mí, y la turra te odiaba tanto que era capaz de controlar el tiempo que tardabas y coordinar el orgasmo para justo un instante antes que entraras. Eso la excitaba. Después nos poníamos a jugar al ajedrez y cuando ella se iba a hacer las compras, le habría las piernas al verdulero.

Y al carnicero sospecho también, que también.

Dicho lo cual, el hombre que sólo escuchaba se puso de pie, respiró pesadamente y caminó hacia la puerta. Lo observé alejarse sin mirar hacia atrás. El otro, continuó bebiendo un rato más, acabó solo la botella, eligió compañía y se quedó hasta que se hizo la hora de cerrar.